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No hay dos pacientes iguales. No hay dos diagnósticos iguales.

Sonia Esquinas. Psicóloga Sanitaria

Formación Cualificada

Psicología sanitaria

Trayectoria consolidada

+ de 25 años de Experiencia

Hoy quiero ponerme un poquito seria, (aunque no sé si lo conseguiré.)

Como es lógico, leo mucho acerca de la infancia, de la crianza, a parte de la psicología, pero últimamente me estoy encontrando con algo con lo que no estoy muy de acuerdo y que paso a explicaros.

A nadie tengo que decir que los niños son niños y como tal se comportan, es algo obvio y los defiendo al cien por cien, pero…

La condición de niño está en contínua evolución, hasta que llega un momento en que dejan de ser niños y se convierten en jóvenes y más tarde en adultos.

SI!, adultos que me leéis, ¿recordáis que un día fuísteis niños? No nacísteis así, siendo padres y madres, aunque no os acordéis, también nos gustaba meternos en charcos con las botas de agua ( …y sin ellas), jugábamos al elástico, al cordel, coloreabamos, nos aburrían las comidas con los mayores, las siestas eran eternas…

Pues bien, nuestros niños, también crecerán, es ley de vida, así debe ser, pero últimamente leo artículos de personas que para mí tienen bastante criterio que les escriben a los padres como si sus hijos no fueran a crecer jamás, que siempre se van a quedar siendo niños y por esta regla de tres aceptan y apoyan incondicionalmente determinados comportamientos.

Ojo!! si nuestros niño no crecieran y fueran unos Peter Pan para siempre jamás, no estaría escribiendo este artículo, porque me parece fantástico aceptar el comportamiento de los niños, es más, no encuentro otra manera de comportarse acorde con esa edad. El problema lo encuentro cuando independientemente de darnos cuenta que los niños funcionan exactamente como les corresponde, no somos capaces de ir puliendo poco a poco y por supuesto, con mucho cariño, determinadas actitudes, para que sigan siendo acordes con su edad, es decir, los niños crecen y su autocontrol también, siempre acompañados por los consejos de sus padres.

No lo olvideis, debemos aceptar el comportamiento de los niños, pero a la vez, debemos de ir enseñándoles a madurar.

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