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No hay dos pacientes iguales. No hay dos diagnósticos iguales.

Sonia Esquinas. Psicóloga Sanitaria

Formación Cualificada

Psicología sanitaria

Trayectoria consolidada

+ de 25 años de Experiencia

Existe un cuento colgado en internet que particularmente me encanta.

Aquí os lo transcribo:

En la reunión de padres de familia de una escuela, la directora resaltaba el apoyo que los padres deben darle a los hijos. Ella entendía que aunque la mayoría de los padres de la comunidad eran trabajadores, debían encontrar un poco de tiempo para dedicar y pasar con los niños.
Sin embargo, la directora se sorprendió cuando uno de los padres se levantó y explicó, que él no tenía tiempo de hablar con su hijo durante la semana. Cuando salía para trabajar era muy temprano y su hijo todavía estaba durmiendo y cuando regresaba del trabajo era muy tarde y el niño ya estaba acostado. Explicó además, que tenía que trabajar de esa forma para proveer el sustento de la familia.

Dijo también que el no tener tiempo para su hijo lo angustiaba mucho e intentaba reemplazar esa falta dándole un beso todas las noches cuando llegaba a su casa y, para que su hijo supiera que él le había ido a ver mientras dormía, hacía un nudo en la punta de la sábana: «Cuando mi hijo despierta y ve el nudo, sabe que su papá ha estado allí y lo ha besado. El nudo es el medio de comunicación entre nosotros».

La directora se emocionó con aquella singular historia y se sorprendió aún más cuando comprobó que el hijo de aquel hombre era uno de los mejores alumnos de la escuela.

Este hecho nos hace reflexionar sobre las muchas formas en que las personas pueden hacerse presentes y comunicarse con otros. Aquel padre encontró su forma, una forma simple pero eficiente. Y lo más importante es que su hijo percibía a través del nudo, todo el afecto de su papá.

Algunas veces nos preocupamos tanto con la forma de decir las cosas que olvidamos lo principal que es la comunicación a través del sentimiento. Simples detalles como un beso y un nudo en la punta de una sábana, significaban para aquel hijo, muchísimo más que un montón de regalos o disculpas vacías. Es válido que nos preocupemos por las personas, pero lo más importante es que ellas sepan y puedan sentir nuestra preocupación y cariño por ellas. Para que exista la comunicación es necesario que las personas “escuchen” el lenguaje de nuestro corazón, ya que los sentimientos siempre hablan más alto que las palabras.

Es por ese motivo que un beso, revestido del más puro afecto, cura el dolor de cabeza, el golpe de la rodilla o el miedo a la oscuridad.

Las personas tal vez no entiendan el significado de muchas palabras, pero saben distinguir un gesto de afecto y amor, aunque ese gesto sea solamente un nudo en la sábana. Un nudo cargado de afecto, ternura y amor.

Yo, como cualquier madre que trabaja, hace unos días que llegué tarde a casa, a medio día ya se lo había anticipado a mis niños y el pequeño (6 años) me dijo, «mamá, yo no quiero que llegues tarde porque yo quiero que me des mi beso de buenas noches».

De pronto se me iluminó este cuento en mi cabeza y le expliqué que se quedara dormido tranquilamente, que yo cuando llegara le haría un nudo en la sábana, que eso significaba que yo había entrado en su habitación y le había dado su beso, y así lo hice.

A la mañana siguiente, fui a despertalo para ir al colegio, y cual no fue mi sorpresa que, al abrir los ojos, no habría respirado ni dos veces, cuando empezó a buscar la sábana, perdida y engurruñada por los contínuos movimientos nocturnos y preguntando con un deje de desconexión mental somnolienta…»¿Dónde está el nudo?, ¿Dónde está el nudo?…y allí estaba el nudo. Su sonrisa y su mirada profunda y cómplice a su madre que había cumplido la promesa que le había hecho, no tiene precio.

Por eso recomiendo este método de comunicación alternativa. No creo que deba covertirse en la forma cotidiana, pero sí está muy bien, para esos días que nos es imposible estar con ellos para darles las buenas noches.

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